Aquel día decidimos encerrarnos,
por universo tres paredes,
un techo
y mis espejos.
Creamos los océanos
con nuestros besos y
caricias.
No necesitábamos un sol
porque nuestras miradas
brillaban más que la
estrella más grande,
y nos llenaba
de calor.
Buscábamos flores
entre nuestro pelo,
no hacían falta plantas...
porque quién quiere respirar
cuando puede gemir.
No tuvimos que tapar
nuestros cuerpos,
porque no creemos en
el pecado,
porque el abrazo de
nuestra desnudez
es la oración más hermosa
que se ha escrito.
No tuvimos que
morder la manzana,
cada centímetro de
nuestra piel nos alimentaba
el alma.
Y creamos la música
al primer orgasmo y
convertimos la risa
en el oxígeno
mas puro.
Y desde ese momento supe
que aunque necesitemos
salir de nuestro planeta,
aquello era el paraíso
prometido
y nunca seremos
expulsados.
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