Cuando era pequeño
escondía los monstruos
en el armario,
los miedos bajo la cama,
me engañaba
pensando que ellos eran
los que se ocultaban
como si tuviera sentido
no presentarse
ante aquel niño
que le temía
hasta su sombra.
Cuando te haces adulto,
los monstruos aparecen
en todos los rincones,
por desgracia
no tienen grandes ojos
y colmillos afilados...
ellos se disfrazan
de agujas de reloj
que pasan demasiado rápido,
tienen ojos familiares
y voces
que ya no suenan.
Los monstruos
cogen la forma
de lo que más querías
y que ya nunca volverá,
el miedo ya no está debajo
de donde duermes
sino dentro de ti
y de tus sueños.
De pequeño
miras bajo tu cama
para cerciorarte
que no hay nada
y ahora lo haría rezando
para que estuvierais
Vosotros ahí,
que salierais
y me abrazarais una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario