de aquel parque
donde tantos momentos compartimos,
con los pies en el asiento
como nuestro mayor acto de rebeldía.
Buscaba hacerlo pedazos
con un hacha
o a mordiscos
como las pipas
que nos acompañaban
y llenaban el suelo.
Para al llegar allí
ver que ya no estaba…
y tú ya nunca lo harás.
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